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No existe la tranquilidad en la Torre Dekarios

La maga abrió la puerta sin hacer demasiado ruido, el olor a azufre aún era presente en el ambiente, y se intensificaba con cada paso que daba, ascendiendo por las escaleras de caracol, hasta que llegó a la última planta. El observatorio estaba completamente patas arriba, en el mismo estado que se encontraba cuando el grupo decidió ponerse en camino hacia la taberna del Portal Bostezante. 

Miró hacía uno y otro lado, pero no había señales de Gale, la única alma con vida que encontró fue a la vieja Tara, vigilante, encima de una de las nubes mágicas que sobrevolaban la estancia. Elara empezó a rascarse el cuello, una pequeña manía que tenía desde pequeña cuando veía algo tan desordenado. Movió mesas y sillas, recolocó libros y ordenó papiros hasta que el polvo empezó a irritarle la nariz y decidió abrir las ventanas y fue entonces cuando pudo ver dos figuras en el patio trasero de la propiedad. 

Elara no tardó en identificar a la figura más cercana a la torre, dándole la espalda, era su mentor, mientras que la segunda se encontraba resguardada por la oscuridad de la noche. Las dos presencias estaban teniendo una acalorada conversación, hasta que un destello dorado procedente de la oscuridad hizo que Gale saliese volando hasta impactar con la pared exterior de la Torre…

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