Master

Dudas sobre el camino

Los dos compañeros, Aigor y Alden continuaron unas cuantas calles más hacia el norte, hasta que un frío viento erizó el vello de la nuca del enano. El druida vio como su compañero quedaba embelesado delante de una encrucijada, pasó sus largos y nudosos dedos frente a los ojos del fornido bárbaro, pero sus pupilas no reaccionaron. Alden hizo un gesto de indiferencia con los hombros, recordando la multitud de veces que él había sufrido lo mismo, pensando si un árbol podría ser para el bosque, lo que es una hoja para un árbol. 

Aigor sentía que lo estaban llamando, sin saber quién era el emisor de aquella señal dio un paso adelante. Parecía que después de haber vuelto a ayudar a una alma necesitada, sus pies volvían a moverse antes que su mente procesase lo que estaba pasando.

Al avanzar hacia la derecha, se le congeló la espalda, como si el invierno mismo se concentrase en las armas que cargaba en aquel andrajoso fardo desde hace ya años, siendo esta la primera señal que había sentido desde hace mucho tiempo. Sintió como si una mano fría, pero tierna se posaba sobre su hombro derecho y le señalaba hacia la calle que lleva hacia el oeste.

Una brisa intensa hizo desaparecer todas aquellas sensaciones y el enano regresó a su consciencia real, sabía que el camino de la derecha le llevaría hasta el corazón del Distrito del Castillo, donde podría encontrar a los Cassalanter, mientras que el otro le llevaría al oeste de la ciudad, hasta la Gran Casa del Enano, en el Distrito Marítimo. Aigor frunció el ceño y cruzó los brazos con fuerza, con mucha fuerza, pensando que hacer, su decisión tan solo la conoce él, ya que Alden sigue a su lado con los ojos en blanco, murmurando… “Un edificio podría ser para la ciudad, lo que es una teja para un edificio”.

Un comentario

  • Daniel Mellado

    Es una sensación nueva para mí. Siempre había habido sólo un camino y nunca se presentaban dudas sobre qué dirección tomar.

    Miro hacia el oeste… Por donde se pone el sol, por donde se esconde la luz… Es sólo una sensación, sólo una señal sutil, probablemente vana, pero era la primera en tanto tiempo…

    No… Ahora yo era quien decidía y quería descubrir quienes eran estos extraños que esconden mensajes cifrados, ayuda a los enanos sin ser de nuestra raza y me dejan fortuitos encuentros con extraños oradores… Ya había tomado la decisión y no había motivos para cambiarla. Encima tengo hambre y me apetece dormir en una cama cómoda.

    Mis pasos arrancan con la misma fuerza con la que se detuvieron, hacia el Distrito del Castillo.

    Además, Araneth no puede estar allí… Está muerta… La maté yo.

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