«Sombras de Venganza: El Pacto de la Oscuridad»
El techo, convertido en el suelo por la posición del trono, ofrecía una perspectiva surrealista de la escena, como si estuviéramos atrapados en un mundo de pesadilla donde las leyes naturales se retorcían y deformaban bajo el mando de mi madre. Las antorchas parpadeaban en las sombras, arrojando destellos irregulares sobre los rostros impasibles de Navani y sus siniestras guardianas.
La conversación que siguió fue un baile de palabras afiladas, cargadas de tensión y desdén. Mi madre me ofrecía una misión que prometía poder y riquezas para nuestra casa, pero con la condición de que me entregara a mi hermana, un sacrificio que ella sabía que la destrozaría por dentro, pero claro, eso no lo mostraría. Acepté, pero solo bajo la condición de que pudiera ser yo quien pusiera fin a la vida de mi hermana, un acto de venganza que mi madre sabía que anhelaba con cada fibra de mi ser.
Aunque aceptó mis términos, pude ver la sombra de la duda en sus ojos. Sabía que mi madre no quería ver a su propia sangre derramada por mi mano, pero también sabía que para ella, la victoria sobre su propia sangre significaba el poder supremo en el submundo de los Drow.
Antes de partir, me entregó unas botas de araña que me permitirían moverme con facilidad por cualquier superficie, un regalo que resonaba con la astucia y la manipulación de mi madre. Rompí la carta que me había entregado, un gesto de desafío y desprecio hacia sus maquinaciones, antes de emprender mi camino hacia la superficie, hacia Waterdeep.
En los túneles cercanos a la superficie, me encontré con Mustang, un tiefling con una sonrisa amigable y un aura de dureza que me decía que estaba bajo contrato de Navani para llevarme a la superficie. Después de despedirme de él y pedirle un medio para volver a contactarlo, continué mi camino con determinación. Haría lo que fuera necesario para cumplir la misión de mi madre y luego, sin vacilar, destruiría todo lo que ella había construido, dejando que las cenizas de nuestra casa y nuestra descendencia fueran arrastradas por el viento del destino.