La danza de las luciérnagas
La luz tímida de las luces danzantes de Gale bailaban en las paredes de la Torre Dekarios, creando sombras danzarinas que acariciaban las paredes de piedra y una atmósfera íntima. Mi corazón latía con intensidad intentando gestionar la ansiedad del momento.
- Respira profundamente. Visualiza lo que te rodea.
Las luciérnagas de luz revoloteaban por la sala. Gale hizo un elegante gesto y las dirigió a mi alrededor. Alcé mi mano hacia adelante y algunas de ellas, se posaron sobre mi palma. Cerré los ojos entregándome a la oscuridad, centrándome en la calidez que me transmitían.
- No temas, siéntelas. Deja que te ayuden. Hazlas tuyas.
Inhalé profundamente y cerré poco a poco mi mano, absorbiendo la calidez de las luciérnagas. Era una sensación agradable.
- Siente como conectas con ellas. Como fluyen en ti.
Noté su voz a mi lado. Tragué saliva mientras un ligero cosquilleo subía por mi brazo e inevitablemente abrí los ojos. Algunas luciérnagas se habían fusionado con mi brazo, iluminándolo y aportándome una sensación confortable. Otras, jugueteaban alrededor.
- Concéntrate. Focaliza. Visualiza esta calidez y dale forma, Elara. No la veas como una amenaza, sino como una extensión de tu voluntad.
Cogió el dorso de mi mano y mi respiración se cortó por un momento.
- Ahora que la luz es tuya, guíala y transfórmala. Haz que fluya. Siente el calor entre tus dedos.
Acompañó mi mano y mis dedos se iluminaron con un fulgor tenue y sentí como la esencia mágica que rodeaba mi brazo me daba fuerzas. Entonces, un fuego parpadeante empezó a brotar en mi mano.
- Dale a la llama esa seguridad que necesita y permítele expresarse a través de ti. Siéntelas bailar. No han dejado de ser esas luciérnagas.
Contemplé la llama y vi como poco a poco, adquiría la forma de un enjambre de luciérnagas de fuego sobre mi mano. Comencé a moverla lentamente, sintiendo como la suave calidez del inicio dejaba paso a un intenso calor.
- Ellas responden a tu voluntad. No tengas miedo.
Las miraba fijamente y concentraba toda mi atención por hacer ese enjambre más grande, intentando no titubear y recordando cada una de las palabras de Gale. Pero de repente, un destello en mi mente nubló por completo mi vista.
El crepitar del fuego devoraba los estantes llenos de conocimiento. El humo se elevaba y se mezclaba con las sombras de las llamas, creando una danza caótica que reflejaba la de las luciérnagas en la Torre Dekarios. El sonido del crujir de las llamas resonaba en mis oídos mientras mi corazón latía desbocado.
Mis padres, atrapados en medio de ese caos infernal y sus rostros reflejando el horror de la tragedia que yo misma había desencadenado sin querer. Por desconocimiento. Por no tener las herramientas suficientes. La culpa, como un peso insoportable, se apoderó de mí, y por un instante, sentí que el fuego en mi mano no era más que una extensión de aquel desastre del pasado.
El parpadeo de las llamas en mi mano empezó a volverse frenético, reflejando mi ansiedad y angustia interna. El calor intenso se convirtió en un calor abrasador y las luciérnagas se dispersaron momentáneamente, como si temieran el eco de la tragedia que resonaba en mi mente. Tara, empezó a corretear por la sala intentando darles caza.
Gale, notando mi desasosiego, colocó su mano sobre mi hombro.
- Elara, concéntrate en el ahora. No es más que una sombra del pasado, pero tú estás aquí. La magia es tuya para moldearla, no al revés.
Con sus palabras resonando en mis oídos, cerré los ojos, bloqueando la imagen del incendio en la biblioteca. Respiré profundamente, intentando tomar de nuevo el control. Al abrir los ojos, las luciérnagas estaban regresando a mi mano, retomando su danza armoniosa.
- La magia debe ser un reflejo de tu voluntad, no de un recuerdo que te ate. Recuerda que la fuerza reside en tu capacidad de enfrentar aquello que te atemoriza y transformarlo en tu propio poder.
Gale sonrió y con suavidad, retiró su mano de mi hombro.
- Bien hecho. Has superado la barrera de los diez segundos.
Sonreí con satisfacción mientras intentaba no ruborizarme y parecer una tonta niña enamorada de su maestro.